CAPRICHOS Y RABIETAS
(1ª PARTE)
Las rabietas son reacciones bruscas y descontroladas que los niños manifiestan cuando se contrarían sus deseos (ya sean objetos materiales o comportamientos propios o ajenos, como no comer, no dormir solo, que le lleven a un lugar determinado, etc...)
El niño interioriza en sus primeras experiencias que cuando manifiesta un deseo y los padres se oponen, llorando con más o menos intensidad, suele conseguirlo. Cuando el recurso del llanto comienza a fallar, utilizan otras estrategias como gritos, agresiones
... hasta que los padres, cansados, acceden al deseo.
Las rabietas persisten porque la obtención de los deseos representa el mayor reforzamiento para que las conductas se repitan.
Ocurre del mismo modo que, durante estos episodios de llanto, pataletas, etc..., el niño obtiene toda la atención de los padres y adultos que le rodean y se convierte en protagonista. No importa si esta atención se traduce en negativas al deseo con múltiples razonamientos por parte de los adultos, o bien en riñas, castigos o algún azote; el niño ha acaparado toda la atención, lo cual se convierte en reforzador de la conducta y el niño recurrirá a este comportamiento cada vez que considere que no se le presta la atención que desea.
Todos los niños pasan por la etapa de las rabietas y, si no obtienen las gratificaciones reforzantes desde las primeras apariciones, éstas cesan en poco tiempo.
Cuando el comportamiento de los padres con respecto a las rabietas es inadecuado, persistirán e incluso aumentarán su intensidad.
A los niños inseguros y con baja resistencia a la frustración les costará más superar esta etapa.
Los niños dependientes utilizarán las rabietas para conseguir que sus padres les protejan y solucionen los problemas que se les plantean en vez de adquirir autonomía.
Susana Rodríguez, Orientadora