POR LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA

En estos momentos en que se actualiza, con enorme virulencia, la vieja polémica entre enseñanza pública y privada, y se manejan de  manera bastante confusa y demagógica no pocos  conceptos, trataremos de  aportar nuestras reflexiones sobre algunos aspectos relevantes del debate.

 

La Ley General de Educación de 1970 extendió la enseñanza obligatoria y gratuita hasta los 14 años. Como el Estado no disponía en ese momento de las plazas escolares suficientes para garantizar ese derecho, se inició una política de subvenciones a Centros privados, que dio lugar, en tanto se actualizaba la oferta pública, a una red paralela de Centros concertados.

 

La medida, en principio, era excepcional y con carácter provisional. Pero las situaciones excepcionales se perpetúan a veces y van generando expectativas e intereses.

Esa es en realidad la clave del problema y no, como se reclama insistentemente a través de los medios de comunicación, el atentado contra la libertad de enseñanza.

  Vivimos en un país democrático y aconfesional en el que sólo se puede hablar de libertad cuando se incluye a todos los ciudadanos aplicando  el principio de igualdad de oportunidades.  

La Escuela pública es la única oferta educativa que hace suya esta premisa y por lo tanto ha de ser el objeto de todo apoyo institucional. Y eso no es ir contra la libertad de enseñanza. Todo lo contrario. Nadie se opone, desde este planteamiento, a que exista pluralidad de ofertas en educación y que las familias puedan elegir otras opciones más restrictivas.  

Pero la auténtica libertad es que nuestros alumnos puedan asistir a clase sin importar su sexo, su clase social, su etnia o su religión.

  Libertad es poder desarrollar  proyectos educativos innovadores e integrales sin el condicionante de tener que atender a criterios de rentabilidad empresarial.  

Libertad es que las plantillas de los Centros se constituyan con arreglo a criterios de competencia profesional, más o menos justos o defendibles, pero objetivos. Y no con criterios ideológicos, confesionales o de filiación personal.  

Libertad es un tipo de convivencia que asuma la diversidad como fuente de enriquecimiento personal, que nos enseñe el  valor de  la diferencia.

  Nosotros creemos que nuestro Centro representa este espíritu. Por ello trabajamos, solidariamente, integrando, sin exclusiones, sin clasismos.

La LIBERTAD con mayúsculas, o es para todos, o no es libertad.    

 

  

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