PARLAMENTO

Salí del metro, levanté la cabeza y, antes de dar con el cielo plomizo, la vista recorrió el Big Ben, lavado por un lluvia fina parecida al orbayu pero con menos encanto. Al llegar al semáforo no venían coches, pero me dije: "vamos a esperar, como los ingleses". Y cuando cinco segundos más tarde vi que yo era el único sin pasar me dije: "vamos a cruzar, como los ingleses". Luego, unos pasos más y, alehop, aquí estoy, a la puerta del Parlamento Británico.

Nos juntamos a la puerta un grupo de periodistas, hasta que de repente llega perdiendo el aliento un policía diciendo que la entrada tiene que estar despejada todo el tiempo, por si tiene que haber una evacuación urgente...
Bueno, entramos y nos recibe
Chris, un funcionario con elegante traje negro pero que le queda grande, con pinta de haber sido siempre el empollón de la clase y que por el interés que pone me apostaría que no hace mucho que ha sacado la oposición. Chris nos habla de la historia del parlamento, de cómo funciona, cómo se hacen la leyes, cómo se vota, y tal y tal, y deja para el final algunos datos para deslumbrarnos: este edificio tiene más de dos mil habitaciones, y más de cien escaleras, y más de... De repente, mi amigo ruso Serguey le interrumpe para preguntar asustado: "¿Vamos a subirlas todas? Tranquilo, Serguey, tranquilo.

Lo primero que vemos es la Cámara de los Lores, ya sabéis, esos que nombraba la Reina por los servicios cumplidos y luego heredaban el título sus hijos, nietos, biznietos y así. O sea, que se convertían en miembros del parlamento gracias al apellido. Ahora parece que se va a acabar. Cosas de la democracia.

Intento concentrarme en lo que la sala representa: desde aquí se gobernó no sólo un país sino también medio mundo, esclavizando -eso si- a varios millones de personas. Aunque claro, también desde aquí, y sólo por poner un ejemplo, se autorizó el ponerle las manos encima a un tipejo despreciable llamado Augusto Pinochet. Hum. Nos es fácil sacarle cuentas a la historia, pienso, cuando Chris me dice: "Guarda el bolígrafo, el público no puede escribir aquí". Sorry. El gusto británico por la normas.

Luego nos lleva a la Cámara de los Comunes, donde están los diputados de verdad, los que elige el pueblo, donde se toman las decisiones. !Alto! Ahí está Toni Blair, el primer ministro, venga hablar, ahora de sanidad, después de Oriente Medio... pero, ¡qué jaleo!, por momentos todos hablan a la vez, y silban, y se ponen de pie, pero Toni Blair nada, el sigue a lo suyo, ahora Gibraltar, y de pronto todos se callan, y todo sigue como si nada, sin enfados, porque mientras todo quede entre ellos los diputados británicos son muy tolerantes. Aunque, ojo, se toman muy a mal que alguien de fuera se entrometa. Sin ir mas lejos, me cuenta Chris, al último rey que se le ocurrió aparecer por aquí le cortaron la cabeza.

Y a mi, desde luego, ni se me ocurrió volver a sacar el boli, por si acaso. Pero ya veis, de algo sí me acuerdo.

José Ángel Abad, Corresponsal de Antena3tv en Londres

Para EL BAÚL

 

 

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