Esta historia ocurrió hace ya mucho tiempo, y según me la contaron así os la cuento. Veréis, estaba un
,

en la posada de un pequeño pueblo, comiendo un pollo asado cuando entró un caminante y pidió al posadero que le diese algo de comer.
El posadero le contestó que lo único que le quedaba era un pollo y ya se lo había preparado al capellán.
Entonces el caminante rogó al capellán que compartiese con él la comida y que la pagarían a medias, pero el capellán se negó y continuó comiendo.

El caminante sólo tomó pan y vino y cuando terminó de comerel capellán le dijo a éste:
- "Habéis de saber, reverendo, que aunque no hayáis aceptado compartir conmigo la comida, el palomino nos lo hemos comido entre los dos, vos con el sabor y yo con el olor"
Respondió el capellán:
- "Si eso es así, tendréis que pagar vuestra parte del palomino"
Comenzaron a discutir y como el
de la aldea estaba en la posada le pidieron que actuara como juez en la
.

El sacristán le preguntó al capellán cuánto le había costado el pollo. Contestó que un real. Mandó al caminante que sacase medio real y lo dejó caer sobre la mesa haciéndolo sonar, Después devolvió el medio real al caminante y le dijo al capellán:
- "Reverendo, con el sonido de esta moneda ya está pagado el olor del pollo"
Juan de Timoneda
(Adaptación)