Animación a la Lectura

 

"Cuéntame un Cuento"

Estrellita de Oro

Había una vez un rey y una reina que tenían una hija. Al morir la madre el rey se volvió a casar .Todo iba muy bien hasta que la nueva reina tuvo una hija Desde entonces no quiso a la primera y comenzó a maltratarla. La enviaba a lavar la ropa, a por agua a la fuente y otros quehaceres, y la hija de la reina se quedaba en casa y no hacía nada.

 Un día la envió a lavar y le dio la ropa llena de tizne, una cortecilla de jabón y un puchero de sopa. Y le dijo la madrastra:

-Tienes que traer la ropa muy blanca, dos libras de jabón y el puchero lleno de sopa.

Salió la muchacha muy triste y se encontró con una abuelita, que le dice.

-¿Por qué vas tan triste?

La niña le contó lo que le había ordenado la madrastra.

Y la abuelita le dice:

-Pues mira, no te apures. Toma esta cesta y mete en ella la ropa y el jabón, y comete la sopa y después mira para el cielo.

 Y así lo hizo la muchacha. Y cuando miró para el cielo, le cayó una estrellita de oro en la frente. Luego fue a ver la ropa y estaba blanquísima, había dos libras de jabón y se comió la sopa del puchero y enseguida se volvió a llenar.

 La muchacha regresó a su casa y cuando la madrastra la vio, le dijo:

-¿has hecho lo que te mande?

Si, dijo, y se lo enseño. La madrastra vio la estrella en su frente y le pregunto como la había conseguido y ella se lo contó.

La madrastra envidiosa llamó a su hija y le dijo:

-Ahora vas tú a lavar al río y llevas lo mismo que tu hermana para que vuelvas con una estrella en la frente.

Así lo hizo, encontró a la abuelita y esta le dijo:

-Mete la ropa, el jabón en la cesta y mira para el cielo.

 Miro para el cielo y le cayó un rabo de burro en la frente, saco la ropa de la cesta y estaba negra, el puchero estaba vacío y no había jabón. Y así se marcho para su casa con el rabo de burro en la frente.

Cuando llego a casa la madre se puso muy furiosa y metió a estrellita en la cocina para limpiar las cenizas.

Un día el padre tenía que hacer un viaje y les pregunto a sus hijas qué querían que les trajera. Rabo de burra pidió un traje bonito, un sombrero de plumas y unos zapatos .Estrellita le dijo a su padre que lo que quería era una varita del primer árbol que encontrará. Cuando regreso entregó a sus hijas su regalo.

 

Unos días después, dio un rey vecino un baile para encontrar esposa para su hijo. La madrastra vistió a Rabo de burra muy elegante para que fuera al baile y a Estrellita de oro le echo lentejas en las cenizas para que las recogiera.

 Y estrellita cogió su varita que era mágica, y dijo:

-¡Pajarillos, pajarillos, venid a ayudarme!

Vinieron muchos pajarillos y limpiaron las lentejas al momento. Entonces le pidió a la varita un vestido muy rico de plata, de oro y de encajes y unos zapatos de oro para ir al baile. Y salió por la chimenea y se fue al baile en un coche muy elegante.

Cuando llegó al baile el príncipe se fijó en ella y estuvo bailando toda la noche con ella. Rabo de burra y su madre estaban muertas de envidia.   Estrellita se descuido y se le hizo muy tarde para volver a casa y salió corriendo y perdió un zapato, el príncipe lo recogió.

Cuando llego a casa le ordenó a la varita que la pusiera como antes.

Al llegar la madrastra y rabo de burra a casa decían:

-¡Ay,  pero que guapa estaba la muchacha que bailaba con el príncipe!

¿Quién será? ¿Quién será?

Y contestó Estrellita de oro:

-Mas si sí, mas si no, ¿si sería yo?´.Mas si sí, mas si no, ¿si sería yo’?.

¡Cállate, tú, gorrina sucia! ¡Qué has de ser tú!

-Le decía la madrastra.

Al otro día el príncipe salió por todo el pueblo buscando a la muchacha que le valiera al zapato de oro. Y por las casas que pasaba unas se cortaban un dedo y otras dos, pero a ninguna les venia el zapato.

Cuando llego a casa de la reina, Rabo de burra se cortó medio pie, pero no pudo meterse el zapato. Y entonces preguntó el príncipe si había otra muchacha en la casa. La reina contestó que no, que sólo quedaba la que estaba en la cocina, el príncipe ordenó que la llamaran y la llamaron y salió Estrellita con su traje de oro y plata y con un solo zapato. El príncipe al verla la reconoció, le puso el otro zapato, que le vino perfectamente. Se la llevó a su palacio y se casó con ella. A la madrastra y a la hermana las perdonaron.

Fueron felices y comieron perdices y a mi me dieron con los huesos en las narices.

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