DONDE PERMANECEN MIS RECUERDOS
Es aquí, en un pequeño rincón asturiano que vigila el valle del río Eo, rodeado de frondosos montes y prados esmeraldas, donde se encuentra el nido de mis recuerdos. Solo los momentos felices de mi infancia y adolescencia se perciben en cada una de las piedras de esta casona, en cada una las ramas de los árboles que la asedian, en cada una de los soplos del viento del norte que envuelve todo con un aroma entre eucalipto y hortensia.
Es aquí, cuando de niño comencé a dar mis primeros pasos, a conocer los animales que me habían enseñado en los cuentos, a recorrer caminos entre los tupidos y espinados senderos de los cerros, a nadar entre las sombrías aguas del río bajo el puente y a sentir la intensidad del primer beso inocente. Y todas esas vivencias, como indica la palabra, no han muerto. Continúan revoloteando como pajarillos que regresan al nido por miedo a perderse, porque nacieron aquí y es éste su destino y yo su dueño.
Puedo recordar cada uno de los veranos que disfruté en todo ese tiempo y me atrevería a citar casi con exactitud los momentos de los recuerdos que quedaron prisioneros con el paso de los años. Me siento vencedor contra los vientos, derrotados, porque no han conseguido llevárselos volando al cielo del destierro. Mis recuerdos son como las hojas de los pinos que salpican la campiña, perennes a través de los tiempos, insultantes de vida en el suceder de los veranos, largos y punzantes para evitar ser arrebatados por el destino incierto.
Estoy seguro que cada vez que regrese a esta guarida de emociones, me hunda sobre la hierba que crece a merced de las lluvias de la primavera y cierre las ventanas de mi rostro, volverán de nuevo a mí todas esas dulces memorias vividas, como abejas a su colmena, para seguir fabricando la miel de los recuerdos, felices momentos de mi existencia.
Es aquí, en este plácido paraje que no pierde la vista a los caprichosos recodos que surca el río Eo, entre ecos de animales lejanos y murmullos de maizales contra el viento, donde permanecen mis recuerdos.
JOSE JOAQUIN MILANS DEL BOSCH
(19 de Septiembre de 2003)
Gracias al Sr. D. José Joaquín Milans Del Bosch Jordan de Urries, de parte de la escuela de Abres, por habernos enviado el texto anterior sobre el castillo de Pividal, que hemos decidido incluir en este enlace.