EL
MAZO
Desde la dominación romana hasta finales del siglo XVIII se
extendieron en Asturias para el trabajo del hierro las forjas y los procedimientos
catalanes. En la primera mitad del siglo XIX el hierro se continuaba produciendo por el
anterior sistema y se establecen las principales ferrerías en el
Occidente asturiano, que constituirían la primera industria de la zona. Al ser la fuerza
hidráulica la energía utilizada, el funcionamiento descendía en verano por falta o
escasez de agua en los cauces.
El mineral de hierro venía del País Vasco, en barco, hasta Vegadeo, desde donde se distribuía a las ferrerías de la zona. La producción media era de 1.200 quintales de hierro de buena calidad que luego se transformaba en herramientas, aperos de labranza, clavazón y utensilios domésticos. Esta transformación se realizaba en la misma región.
Según el "MADOZ": En Vegadeo, durante el periodo de 1844 a 1845 entraron en el puerto de Vegadeo 5.276 y 7.852 quintales de mineral de hierro respectivamente; según datos oficiales de la aduana, sólo de clavazón salieron por el mismo puerto: 50.130 libras en 1844 y 97.457 libras en 1845.
Para referirse a la industria artesanal del hierro se distinguen dos términos: Mazo y Ferrería mayor. La Ferrería mayor era el establecimiento donde se fundía el material ferroso; el mazo o martinete era una instalación anexa a la ferrería, en la que se trabajaba el hierro para darle forma y eliminar escorias. Actualmente, en algunos lugares, con la palabra ferrería se designan ambas instalaciones.
En Asturias los mazos solían pertenecer a propietarios que no los explotaban de forma directa sino que los arrendaban a los herreros de la localidad o de las cercanías. Aunque en otros casos los mazos eran y son propiedad de los herreros. Si eran varios los propietarios los herreros estaban obligados a utilizar los mazos ateniéndose a un riguroso turno y por el tiempo que cada uno tuviese asignado, ya que el turno de uso dependía de la parte de propiedad que en él tuvieran. De la misma forma proporcional en que hacían uso del mazo, debían también concurrir en las quiebras que se producían.
Asturias fue la región donde los mazos tuvieron más larga vida, estando extendidos por toda su geografía aunque abundaron más en la zona occidental y más concretamente en la comarca que comprende los concejos de Oscos, Taramundi y Vegadeo. En 1989 se encontraban en situación de recuperado los mazos de Aguillon y Teixois en Taramundi, Alvariza en Belmonte y Besullo en Cangas del Narcea; en situación de recuperable los mazos de Meredo, en Vegadeo, Mazonovo en Santalla de Oscos; y en situación de ruina el de Vega en Taramundi, y Peizais y Barredos en Santalla de Oscos.
El especialista del mazo es el herrero, mientras que en la ferrería (que responde más a lo que entendemos por ejercicio industrial.) es el fundidor. En las instalaciones de los mazos los lingotes se transformaban en piezas aptas para la confección del producto artesanal de las forjas.
Todos los ingenios del mazo se fabricaban en madera. Se evitaba en su construcción la utilización de cualquier componente rígido o clavazón, no sólo para una mejor mecánica y flexibilidad de los órganos, sino también para una óptima labor de mantenimiento, de forma que se tuviera un fácil acceso a todas las articulaciones del ingenio y una sencilla desmembración de todas sus piezas con el fin de permitir un mantenimiento eficaz o una reparación rápida y ágil.
Datos obtenidos de "La industria del hierro en el Occidente asturiano en el siglo XIX. El mazo del Indiano", de Ignacio Castelao García y Asunción Fernández Blanco..