El rincón del alumnado |
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INFANTIL INVESTIGA CON LOS IMANES |
UN BUEN VIAJE Hola me llamo Bolsito y como mi propio nombre dice soy un bolso. Ana me compró hace aproximadamente un año y desde ese momento Ana se ha portado muy bien conmigo. Un día Ana y su marido deciden hacer un viaje a París. Fuimos en avión ¡Qué miedo! ¡Qué mareo! casi vomito. Cuando llegamos a París fuimos a un hotel. Allí pudimos descansar hasta el día siguiente. Llegó ese día y fuimos a ver la torre Eifel. Todo estaba muy tranquilo hasta que un señor me cogió, y no sé porqué él corría tanto, ni porqué Ana corria detras de él. Ella ya no podía más y decidió llamar a la policía, describrió al señor y la policía fue en busca de él. Aquel señor me hacía mucho daño y deseaba con todas mis ganas que Ana me encontrara. ¡Qué alivio! Ahí estaba la policía, me cogieron y al señor lo tiraron al suelo y lo apresaron, ¡Qué contento me puse cuando vi aparecer a Ana! Me cogió fuertemente y nos fuinos al hotel. Ese viaje, lo recordaré toda mi vida y ahora Ana cada vez que sale conmigo a la calle me apreta muy fuerte. Escrito por:
Alba González Prado. |
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UN BUEN VIAJE
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UN BUEN VIAJE ¡Hola! me llamo pareo, llevaba 9 meses guardado en un cajón de un armario y ayer, ¡por fin! me sacaron del cajón, me lavaron, me secaron, me plancharon, me doblaron y me pusieron al lado de un bañador y un bikini. ¿Sabéis lo que significa eso? ¡Que por fin nos vamos de viaje! seguro que vamos a algún sitio donde haya mucho calor y mucho sol. A mí me gusta mucho ir de viaje o de vacaciones a esos sitios porque siempre me llevan de paseo. Me agrada mucho la brisa del mar, ver a los niños jugar en la arena, a las personas bañarse en el mar o en la piscina. Pero hay una cosa que no soporto y son las cremas de protección solar que se ponen las personas para que el sol no las queme. Son pegajosas y sin saber como, siempre acabo todo pringado de ellas. Pero estoy muy contento porque ¡yupi! me han sacado de ese cajón en el que pasé tanto tiempo aburrido y voy a pasarme ahora unos meses feliz y contento. Espero que todos se lo pasen tan bien como yo. Escrito por:
Cristina Casaprima González |
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UN BUEN VIAJE ¡Qué día más ajetreado llevo! ¡De aquí para allá y de allá para acá sin parar! Permitid que me presente: ¡Soy el inestimable bolso de Carmen! Con ella voy a todos los sitios: al cine, al colegio, al museo, al parque... ¡Hasta nos adentramos las dos juntas en maravillosas aventuras! Carmen me tiene desde que era muy pequeñita y siempre me ha querido y mimado mucho.Como yo os decía, voy con ella a todas partes, y, por eso, mañana me llevará con ella de viaje. ¡Ya es el gran día! ¡Nos vamos de viaje! Nos montamos en el coche y nos ponemos rumbo a la casa de la abuela de Carmen. Carmen y yo nos lo pasamos muy bien durante el viaje jugando sin parar. Hemos llegado. Hace un calor horrible. Llegamos hasta la casa y Carmen sale a jugar a la calle. Vemos brillar algo en el suelo, y nos acercamos. Es una cosa rarísima. Carmen lo coge, y de repente, las dos desaparecemos. No sabemos qué ha pasado. Viajamos a través de un túnel, y de pronto aparecemos a la orilla de un río. Caminamos y vemos un pequeño pueblo muy misterioso. Nos adentramos en él y vemos hojas que van formando un camino. Las seguimos y vemos un papel. En él...¡Está el plano de un tesoro! Corremos para buscarlo pero no lo encontramos. A lo lejos se veía una luz brillar y allí estaba. En él había juguetes antiguos y Carmen y yo nos pusimos muy contentas. De vuelta a casa, en mí había, además de los juguetes, una nota que decía: "Shh... ¡Es un secreto!". ¡Estas vacaciones han sido las mejores de mi vida!. Escrito
por: Sheila Fernández Monteiro |
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UN BUEN VIAJE Yo soy arenosa y tengo una gran variedad de acantilados muy rocosos. Desde donde estoy veo todos los apartamentos que hay en las costas. Soy larga y muy ancha. También tengo a mi alrededor muchas cuevas en las que viven animales marinos como el elefante o el león marino. Por la noche, la gente sale a dar u paseo por encima de mí y eso me agrada mucho. También la gente sale de sus casas para comprar algunas cosas y a tomar un refresco. Por el día la gente va a bañarse en el mar y se tumban con sus tumbonas sobre mí. Me da un poco de pena cuando clavan sus sombrillas en la arena. Todos los niños hacen muñequitos con mi arena húmeda y suave. Hay alguna gente que es escultora y hace muchas formas con mi arena, como una tortuga grande, una culebra y muchas cosas más. Yo soy un tesoro aunque no lo parezca porque mucha gente pierde cosas importantes y se quedan enterradas debajo de mí y no las encuentran. También hay gente que cuando baja la marea del inmenso mar azul coge una gran cantidad de almejas situadas en la arena fría. Una
familia muy cariñosa que está pasando unas vacaciones
aquí, en Italia viene a jugar todos los días a la playa,
que soy yo. Construyen hermosos castillos con los que
hacen guerras, y mi arena se pone de parte del padre
porque él es el mejor constructor de castillos del mundo.
En el castillo que suele hacer hay cinco torres y una
larga muralla de cinco metros de larga y veinte
centímetros de ancha. Por alrededor hay un ancho foso y
dentro de la muralla un gigantesco y hermoso poblado. Escrito
por: Julio David Fernández Mullor |
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escribieron para la oreja verde ¿POR QUÉ LLEGUÉ TARDE AL COLEGIO?
El despertador sonaba: ¡trrring!, ¡trrring!, ¡trrring!, ¡trrring!, Me levanté sobresaltada. Pero, ¡si son las ocho y cinco! Corriendo, me duché, me vestí, preparé la mochila, cogí unas galletas para comer de camino al autobús y salí. Cerré la puerta y ¡otra vez ese defecto que tengo de olvidarme de las cosas! ¡La mochila y las llaves! se habían quedado dentro. De repente caí en la cuenta de que el vecino tenía todas las llaves. Le piqué y él amablemente me recibió y me dio las llaves. Entré en casa, cogí mis llaves y salí a toda pastilla, veloz como un rayo, corriendo hasta la parada del autobús. Cuando llegué no había ni un niño, ni sus madres. ¡Había perdido el autobús!. Me fui al colegio por un atajo, pero estaba cortado por obras y no me dejaban pasar. Así que tuve que ir por el camino largo. Agotada, con flato y, además con el tobillo torcido. Paré, esperé un rato para recuperarme y luego volví a correr hacia el colegio. ¡Como pesaba la mochila y que cansada estaba!. Al final, por fin lo vi, el colegio. Entré y subí a mi clase de 6º A. La profesora me riñó. Yo no dije nada no quería empeorar las cosas. Así que fui a coger el libro. Bueno prácticamente no lo cogí por que ¡se me había olvidado en casa! Llevé un castigo a casa y, la verdad, no me gustaría que me volviera a ocurrir esto nunca más. Escrito por:
Verónica Alonso
Miyares
Salí corriendo del portal y, al pasar por el parque, me encontré con una señora tirada en el suelo que sangraba por la cabeza. Le pregunté que le pasaba y no me contestó. Entonces volví a mi casa para que mi madre avisase al centro médico. Yo volví a salir y caminé hasta la parada del autobús, pero cuando llegué ya se había marchado. Tuve que volver a mi casa para que mi madre llamase a un taxi. Tanto esperé a que viniese el taxi que llegué media hora tarde al colegio. Escrito por: Diego
Riesgo Beitia
Aquel día salí de casa corriendo. Cuando iba a mitad de camino, me encontré a mi bisabuela llorando. Yo, preocupado, pensé que le había sucedido algo, pero lo que le había pasado era que se le habían quedado las llaves en casa. Entonces tuve que acompañarla hasta casa para que cogiera las llaves que tenemos allí. Después de una gran carrera, conseguí llegar al colegio, pero con media hora de retraso. Y aún le debo una disculpa a la profesora. Escrito por:
Diego Pérez Cascón
Como casi todos los días salí del portal de casa corriendo. Cuando iba por el camino me ocurrió algo inesperado, me encontré con los mejores jugadores de fútbol, entre ellos estaba mi preferido: Ronaldinho. Y, claro, entre que les pido autógrafos, me firman mi balón y jugamos un partido, cuando llegué a clase había pasado más de media hora. La profesora me preguntó qué me había pasado, yo le contesté: "!Algo inesperado!". Escrito por:
Sergio Murias
Después de tomar el desayuno a trompicones y asearme un poco, me decidí a salir del portal con mi agobio y mi prisa a cuestas. Empecé a andar con cierta rapidez, hasta que, a mitad de camino, me encontré una gran bolsa. Me entró la curiosidad y me dispuse a abrirla. Cuando la abrí, dentro había un maletín que me resulto un poco extraño y, además, un teléfono móvil y una dirección. De repente, el móvil sonó. Tuve un poco de miedo, pero al final lo cogí. Escuché una voz bastante grave que me dijo: -Sé que tienes el maletín, quiero que lo lleves a la dirección del papel. Te esperaré allí dentro de diez minutos. No te retrases. Entonces colgué el teléfono, y noté que me temblaban las piernas. Sé que no debía ir, pero me pudo la curiosidad. Al llegar a la dirección ví un papel colgado de la puerta de la casa que ponía: «Llama al timbre». Lamé, pero cada vez tenía más miedo. Tardaron un poco en abrir y, cuando por fin lo hicieron, me encontré a mi hermano y a un amigo suyo que reían a carcajadas. Todo resultó ser una broma. Pero mi hermano se puso muy serio y me dijo: -¡No sabes que no puedes coger cosas de la calle! Y menos ir a casas de desconocidos. No vuelvas a coger nada nunca más. Lo que tienes que hacer es llamar a la Policía. No vuelvas a hacerlo o se lo diré a mamá y a papá. -Vale, no lo volveré a hacer, perdona -le dije. Aquel día, finalmente, conseguí llegar a clase, pero media hora tarde, y la profesora me echó una buena riña.
Escrito por:
Pablo Ariel Vagni Álvarez
Me desperté de repente, eran las ocho y media, el despertador estaba ¡estropeado! Si quería llegar pronto al colegio, tenía que salir de la cama inmediatamente. De un salto, me levanté, fui corriendo a la cocina y desayuné rápidamente. Me vestí tan deprisa que casi me caigo al suelo. No me dio tiempo ni a peinarme. Cogí la mochila y bajé los escalones de tres en tres, salí corriendo del portal, pero me di cuenta de que la carretera estaba cortada por obras, así que la única forma de ir era por el Carbayu. Subí por el puente, que estaba mojado por la lluvia de la noche, subí una pequeña cuesta de cemento, giré a la derecha y después a la izquierda. Pasé al lado de la iglesia. Casi me estaba congelando poco a poco por el frío que hacía. Cuando llegué donde las piscinas, oí voces de gente. Tenía miedo, porque estaba sola y no conocía a esa gente. Lo único que se me ocurrió fue echar a correr sin pensar en el barro, en los charcos y en que soy patosa. Como todos suponéis, tropecé unas cuantas veces antes de llegar al colegio. Cuando llegué a las puertas me sentí aliviada, pues, ya no tenía que seguir caminando, pero estaba congelada, embarrada y mojada. Subí las escaleras y cuando llegué a clase ya eran las diez y cinco pasadas. La profesora y mis compañeros me preguntaron: - ¿Qué te ha pasado? Y yo les conté la historia que os acabo de relatar. Un consejo: haced como yo; ahora tengo dos despertadores, y siempre miro si tienen la alarma puesta antes de acostarme. Escrito por:
Nuria Prado Alonso
Salí de casa corriendo. Cuando emprendí el camino al cole, vi a mucha gente junta. Yo, que soy muy curioso, me acerqué a ver qué pasaba, pero no era nada, sólo gente que estaba comprando. Entonces volví al camino y, de repente, vi que el autobús del colegio se estaba yendo. Decidí ir andando al colegio por el camino más corto, pero me equivoqué y perdí media hora. Nunca antes había perdido el autobús. Cuando llegué al cole conté que me había pasado «¡algo inesperado!».
Escrito por:
Bryan Guerrero Cajas
Hoy se me han pegado las sábanas, me he dormido. ¡No podía levantarme! Me aseé a toda velocidad, desayuné atragantándome y salí corriendo para llegar a la hora al colegio. De repente, a la mitad del camino me acordé de que me había dejado los deberes encima de la mesa de estudio. ¡No puede ser! Tengo que dar la vuelta a por ellos; es el segundo día que se me olvidan, la profesora me va a matar. Emprendo una supercarrera a casa. Cuando llego veo que de la cocina sale humo. Asustada, entro y cual será mi sorpresa cuando descubro que no había apagado el fuego donde estaba calentando la leche del desayuno. -¡El cazo está quemando! -grité-. ¡Hoy no es mi día! Apagué el fuego, cogí los deberes y me fui corriendo otra vez para el colegio. Cuando llegué a clase, la señorita me riñó porque había llegado con más de media hora de retraso. Tan tarde llegué, que casi era la hora de educación física, y hoy, con tan mala suerte, que era el día en que se jugaba el partido de fútbol: chicos contra chicas y no os podéis imaginar... yo era la portera. Escrito por:
Raquel Rodríguez Suárez
Aquel día se me pegaron las sábanas. Me aseé a toda velocidad, desayuné atragantándome. Salí corriendo del portal. Emprendí una calurosa carrera para llegar a la hora al colegio. De repente, a la mitad del camino, me ocurrió algo sorprendente. Cuando pasaba por delante de la única casa que hay en todo el camino, se oyeron unos ruidos extraños. Me asomé a la ventana de la casa y me sorprendió ver una señora mayor tirada en el suelo. Abrí la puerta y ayudé a la anciana a levantarse. Ella me lo agradeció y después llamé a una ambulancia. Continué hasta llegar al colegio, donde me pidieron una explicación por llegar tan tarde. Cuando lo expliqué, todos me tomaron por un héroe. Escrito por:
Ángel Mariño Villar
Última parada Salí tarde de casa, porque quedarse hasta las tantas en el sofá tiene su precio. Crucé la puerta de mi casa y salí corriendo mientras pensaba: «Pobre de mí si llego tarde al colegio». Y, de repente, allí estaban, solos, sin dueño unos fantásticos veinte euros. Los cogí y dio la casualidad que de camino al colegio había una parada de bus y que además estaba parado. Monté en él y arrancó, pero era demasiado bueno para ser verdad y, así, tan fácil como quitarle un caramelo a un niño me dormí. Me despertó el conductor del autobús diciendo: «Hijo, es la última parada». ¿Qué podía hacer? Me dije: «me sobran diecinueve euros, cogeré un taxi». Así llegaría sólo quince minutos tarde. Pero los taxis no empezaban a circular hasta las diez de la mañana. Volví a pensar: «¿Y si cojo otro autobús?» Le pregunté al conductor: --«¿A qué hora sale el siguiente bus?». -Lo siento, este era el último- me dijo. «¿Y si hago autostop? Seguro que hay algún otro señor amable», pensé. Y así fue. Rapidamente me recogieron, aunque aquel señor me cobró mis diecinueve euros por gastos de gasolina. Pero, eso si, llegué sólo con cuarenta minutos de retraso. Escrito por:
José Manuel Valvidares Cuetos
¡Sin gasolina! Era un día normal. Me levanté perezosamente, pero con sólo pensar que tenía que ir a clase me levanté rápidamente. Desayuné lo de siempre, me vestí mientras veía Shin Chan, me peiné y me calcé. Salí al portal a las ocho y media. Pero el autobús vino con una hora de retraso. Cuando al fin llegó, los padres riñeron al conductor y a la cuidadora, Cristina. Salimos y, cuando llegamos a la última parada, de repente, el autobús se paró porque no tenía gasolina. Los niños empezaron a llorar y a llamar a sus padres. Decidimos esperar al bus Bórñez para que nos llevara al colegio. Acababa de llegar el bus cuando oigo que me llaman, «¡ Nerea!». Era Alberto un amigo, que me dijo: -¡Nerea, mira es la profesora Margarita! ¡Avisa a los niños de 6º A y 6º B que bajen del bus. La profesora nos llevará a todos en su coche!. Finalmente llegamos a clase sin ningún otro retraso, y como ya eran casi las doce menos cuarto nos fuimos al recreo directamente. Algunos niños estaban tristes porque habían perdido sus clases favoritas, pero al final todos nos pusimos contentos y jugamos al fútbol y a la comba. ¡Siempre recordaría ese día!.
Escrito por:
Nerea Martín Sánchez
CROMOS Salí del portal de casa corriendo. Por el camino me encontré con mi amigo Juan. Él va a otro colegio, pero vamos juntos hasta la parada del autobús. Juan sacó sus cromos repetidos y empezamos a cogerlos. Entonces me demoré y perdí el autobús. Corrí de vuelta a casa y cuando le dije a mi madre que había perdido el autobús me echó una bronca, pero se dispuso a llevarme. Cuál fue nuestra sorpresa cuando, al salir del garaje, estaba la máquina que barre las calles estropeada. Esperamos unos a que la quitaran. Cuando estábamos llegando al colegio, vemos que en el cruce estaba parada la circulación. ¿Qué pasaba? Pues que había dos perros vagabundos intentando cruzar la calle. Vino la Policía y pudo cogerlos. Así que, como consecuencia de mi despiste con los cromos, llegué media hora tarde al colegio. Escrito por:
Alejandro Martínez González
500 euros
Mientras corría a toda prisa, di un frenazo en seco, porque algo llamó
mi atención: enganchado en el césped vi un papel morado. Me
acerqué; era un billete de 500 euros. ¡No podía creérmelo!, así que fui
corriendo al banco más cercano para comprobar si era falso. Me dijeron
que no lo era, así que me fui para casa dando saltos y lo guardé en la
hucha. Llegué media hora tarde al colegio, pero muy contento. Escrito por:
David Maseda Carrasco
PANTALONES Salí de casa corriendo porque era muy tarde y tenía un examen muy importante. De repente me tropecé con una niña. Se me rompieron los pantalones. Por suerte, tenía dinero, llamé a un taxi para que me llevara a casa y poder cambiarme. No quería que mi madre se enterara de lo ocurrido, así que le pedí a mi abuela que me cosiera los pantalones. Mientras, yo me puse otros y me fui a clase. Me di cuenta de que aquel día teníamos un dibujo que hacer, cosa que no me gusta nada, y además un examen. Mi profesora, Margarita, me echó «la bronca del siglo» porque llegué una hora tarde a clase. Pensé: «Desde ahora siempre miraré al suelo».
Escrito por:
Saúl Nicolás Merino EL RINCÓN DE LA POESÍA POEMAS
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ACRÓSTICOS
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