Rosa Caramelo

Adela Turin y Nella Bosnia

 


    Había una vez, en el país de los elefantes, una manada donde las elefantitas tenían que comer flores rosas para tener los ojos brillantes y la piel tan rosada y lisa como sus mamás. Para animarlas les ponían zapatos rosas, delicados cuellos y grandes lazos rosas. Encerradas en un vallado, veían jugar a sus hermanos y a sus primos, todos grises, revolcarse sobre la hierba y el barro. Pese a las anémonas, pese a las peonías, Margarita era la única que no se volvía rosa. Su horrible color gris inquietaba profundamente a sus padres, que se preguntaban qué elefante iba a querer casarse con ella más tarde.