ANTOLOGÍA POÉTICA DE LA GENERACIÓN DE 1927

6. Vicente Aleixandre (1898-1984)

        Vicente Aleixandre, Premio Nobel en 1978, representa para los poetas de los años 40 y 50 la voz que mejor sabe expresar los impulsos elementales del amor y de la vida. En La destrucción o el amor (1932-1933), el sentimiento amoroso es visto como una fuerza destructiva, anuncio de una muerte que permite la definitiva integración del hombre en el Universo. Con Sombra del paraíso (1939-1943), obra influida tardíamente por el Surrealismo, aparece una poesía de tono más relajado, en la que se configura un mundo perfecto, no contaminado por el hombre. A partir de Historia del corazón (1954) y En un vasto dominio (1962) ese nivel cósmico de la poesía de Aleixandre se completa con una mayor atención a los problemas sociales y personales.

    UNIDAD EN ELLA

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,

rostro amado donde contemplo el mundo,

donde graciosos pájaros se copian fugitivos,

volando a la región donde nada se olvida.

 

Tu forma externa, diamante o rubí duro,

brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,

cráter que me convoca con su música íntima,

con esa indescifrable llamada de tus dientes.

 

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,

porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera

no es mío, sino el caliente aliento

que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

 

Deja, deja que mire, teñido del amor,

enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,

deja que mire el hondo clamor de tus entrañas

donde muero y renuncio a vivir para siempre.

 

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,

quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente

que regando encerrada bellos miembros extremos

siente así los hermosos límites de la vida.

 

Este beso en tus labios como una lenta espina,

como un mar que voló hecho un espejo,

como el brillo de un ala,

es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,

un crepitar de la luz vengadora,

luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,

pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

 

La destrucción o el amor (1932-33)

Unidad en ella

(neorromanticismo)

 

Por la misma época en la que comienza a sentirse la influencia surrealista -desde 1927-, los poetas se muestran muy influidos también por la poesía de Bécquer, que trae a la lírica una carga de emotividad mayor que la que se percibía en la poesía pura, al tiempo que justifica la presencia creciente de las preocupaciones personales. Comienza, así, una segunda vía de rehumanización de la poesía, que alcanzará su máxima expresión en la lírica intimista de Luis Cernuda y de Vicente Aleixandre.

La destrucción o el amor contiene algunos de los poemas amorosos más intensos escritos en castellano. En ellos la pasión amorosa se confunda con la pasión por una muerte liberadora. En esta primera etapa Aleixandre ofrece una visión del hombre radicalmente pesimista.

“Unidad en ella” identifica amor y muerte. La amada se identifica con el Universo (explica las imágenes -algunas de carácter irracional- que se van encadenando y que describen al ser amado, “cuerpo feliz”, con rasgos telúricos) de modo que amar es como morir disolviéndose en la naturaleza. Observa la mezcla de versículos y alejandrinos.

 

MANO ENTREGADA

       Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.

Tu delicada mano silente. A veces cierro

mis ojos y toco leve tu mano, leve toque

que comprueba su forma, que tienta

su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso

insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca

el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

 

      Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta,

por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;

por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,

para rodar por ellas en tu escondida sangre,

como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara

por dentro, recorriendo despacio como sonido puro

ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado de mis voces profundas,

oh resonando cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo, oh cuerpo sólo           sonido de mi voz   poseyéndole,

 

      Por eso cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehúsa

mi amor –el nunca incandescente hueso del hombre-.

Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,

mientras tu carne entera llega un instante lúcido

en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,

de tu porosa mano suavísima que gime,

tu delicada mano silente, por donde entro

despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,

hasta tus venas hondas totales donde bogo,

donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

 

  Historia del corazón (1954)

        “Mano entregada”

              (Compromiso social)

 

 

Ahora el hombre es mirado positivamente. Sigue siendo una criatura desvalida, que sufre, pero ahora el poeta se solidariza con él y admira su “quehacer valiente y doloroso”. Expresa el gozo de amar y sus límites (oposición simbólica carne/hueso).

Observa cómo se demora el poema para expresar el demorado contacto amoroso (tres estrofas paralelas, versículos plagados de reiteraciones...)