El encarecimiento progresivo del petróleo, el agotamiento de reservas y las consecuencias devastadoras que tienen para el planeta la utilización masiva de combustibles fósiles (especialmente el cambio climático y la degradación del medio ambiente) hace de forma inevitable que las personas y los respectivos gobiernos piensen en otras fuentes de energía más limpias y renovables, como son la energía solar, la eólica, etc
Es fundamental y así se está contemplando el desarrollo de estas energías alternativas, para depender menos del petróleo y poder reducir las emisiones de CO2. Ahora bien, la pregunta es: ¿cuánta energía de la que se gasta se puede obtener de las fuentes alternativas? Parece ser que manteniendo el nivel de consumo actual, las nuevas fuentes de energía renovables no podrán resolver el problema, puesto que solo podrán sustituir parte del consumo. Menos del 20% de la población (situada en el llamado norte) consumimos más del 80% de los recursos existentes. Está claro que los países desarrollados gastamos la mayor parte de la energía y somos los responsables de los gases de efecto invernadero y del cambio climático. Esto hace que tengamos una deuda ecológica con el planeta. Los países del norte necesitamos controlar nuestros patrones consumistas de lujo y de derroche. Según los expertos, harían falta tres planetas para dar respuesta al grado de consumo actual.Se promocionaron desde diferentes países formas alternativas para sustituir el petróleo, algunas de las cuales ocasionan más perjuicio que beneficio. Cabe mencionar:
-Los biocombustibles o agrocombustibles, que se producen en extensos cultivos de maíz, remolacha, caña, trigo, etc. de los que se obtiene bioetanol o los cultivos oleaginosos como la colza, girasol, soja, etc. para el biodiésel, destinados ambos a sustituir o complementar el diesel o la gasolina en los vehículos. Pero los agrocombustibles no son una alternativa porque anteponen la producción de alimentos para el transporte frente a la producción de alimentos para los seres humanos. Los agrocumbustibles amplían la frontera agrícola destruyendo los bosques y la biodiversidad, generan monocultivos, promueven la concentración de la tierra, deterioran los suelos, agotan las fuentes de agua, contribuyen al alza del precio de los alimentos y, en muchos casos, consumen más energía de la que generan y sumergen en la miseria aún más al tercer mundo.
Tenemos que concienciarnos y saber que la energía es un bien escaso y la gran revolución que se avecina es la de comenzar a escatimar su uso.
Empezamos a sufrir las consecuencias de un crecimiento cuantitativo insostenible. No solo debemos hablar de crisis económica, sino también de crisis energética, del deterioro del medio ambiente y del cambio climático como consecuencia de las emisiones del CO2. Vivimos en una sociedad que favorece el consumismo, la publicidad nos bombardea con anuncios que pretenden vendernos felicidad, cuyo objetivo es hacernos formar parte de un engranaje económico que reduce a las personas a consumidores sumisos y adictos, necesarios para perpetuar el sistema, incluso a veces de forma compulsiva (se sabe que existe una patología relacionada) y por encima muchas veces de nuestras posibilidades.
Nunca la educación para el consumo fue tan necesaria. ¿Cómo podemos convencer que la solución pasa por reducir drásticamente el consumo?
Sabemos que para todo se necesita energía, desde la ropa que llevamos hasta el más mínimo electrodoméstico de nuestros hogares, los medios de transporte, etc. Somos constantemente consumidores de energía y tenemos que reflexionar si son necesarias tantas cosas para poder vivir.
Si empezamos por la elección de nuestros alimentos, podemos pensar lo que implica, por ejemplo, comprar fruta procedente de la otra esquina del mundo. ¿Cuánta energía fue necesaria para transportarla hasta aquí? Es posiblemente un modelo económico cuestionable.
Sustituir el petróleo y el gasóleo que mueven los motores de nuestros vehículos por carburantes procedentes de las energías alternativas solo sería una buena idea con muchos menos vehículos de motor sobre el planeta y mucho menor uso de los mismos.
Nuestro consumo debe de implicar aspectos fundamentales como los siguientes:
·Practicar un consumo ·Practicar un consumo respetuoso con la naturaleza, para lo que tenemos que tener en cuanta sobre manera a las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar.
·Aprender a ser críticos con nuestro consumo y nuestra forma de vida.
·Aprender a distinguir entre necesidades reales e impuestas.
·La reducción de nuestros niveles de consumo como opción ética. Se trata de cambiar nuestro hábito de consumismo, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales: no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.
·Exigir información e informarnos acerca de las condiciones sociales y medioambientales en las que un producto o un servicio ha sido elaborado, cómo ha llegado hasta nosotros y cuáles son sus consecuencias sobre el medio ambiente.
·Tomar conciencia en un principio en el ámbito personal y en segundo lugar compartir nuestras reflexiones para construir una conciencia colectiva.
·Comprometernos a nivel social y político, porque la democracia es poder intervenir y entre todos buscar las mejores soluciones. |