Viernes, 12 de Marzo de 2010 12:45

10 ideas clave. Animación a la lectura

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JUAN MATA

10 IDEAS CLAVE. ANIMACIÓN A LA LECTURA.

(HACER DE LA LECTURA UNA PRÁCTICA FELIZ, TRASCENDENTE Y DESEABLE)

EDITORIAL GRAÓ, 2008

COLECCIÓN IDEAS CLAVE

¿Alguna vez han sentido cómo se completaba algo cuyo aprendizaje fragmentado no permitía vislumbrar un conocimiento bien cimentado, bien trabado? Si han tenido esa experiencia comprenderán cómo me sentí al leer este libro del profesor de Didáctica de la Lengua y de la Literatura de la Universidad de Granada Juan Mata. 

Como asesora de formación del profesorado llevo unos años leyendo textos diversos en torno a la animación a la lectura, la comprensión lectora y las bibliotecas escolares. Pues bien, Juan Mata ha tenido la felicísima idea de escribir este libro que puede considerarse un compendio didáctico de todo aquello que hay que saber sobre estos temas.

Tanto la estructura como el contenido del libro contribuyen a su marcado afán didáctico, además de utilizar un estilo cuyas mayores virtudes son, a mi juicio, la claridad expositiva, con el uso de un vocabulario rico y de una gran precisión en la transmisión de las ideas, y el compromiso hacia la lectura que rezuman sus páginas.

La estructura, al igual que su anterior obra Como mirar a la luna, refleja un sabio equilibrio entre teoría y práctica lo que la convierte, desde mi punto de vista, en un manual de uso obligado en cualquier escuela o facultad de formación inicial del profesorado. La cuidada edición de la editorial Graó (que está esmerando en esta colección la calidad gráfica, consciente de que redunda en una mejor legibilidad) contribuye a realzar su carácter didáctico, ya que el propio libro es muy manejable y en cada apartado teórico se utilizan los márgenes para, en un cuerpo más pequeño, ir condensando las ideas principales que el autor quiere transmitir.

El contenido de la obra comienza con un recorrido histórico por el concepto de animación a la lectura, unido en sus comienzos en Francia en la década de los años setenta, a una idea de transformación social y, en el campo educativo en particular, a un deseo de renovación de los métodos de enseñanza. Mata prosigue su exposición plasmando la controversia en torno a las prácticas de animación a la lectura, consideradas en muchas ocasiones demasiado centradas en la diversión y en el juego, para concluir que, en realidad, esas dos cuestiones son su mayor valor, sin olvidar que el fracaso de estas prácticas en determinados contextos tiene más que ver con la dispersión y la incoherencia. De ahí la necesidad de una actuación consensuada y coordinada, es decir, de programas duraderos y constantes, además de una gran dosis de paciencia.

Para animar a leer es necesaria una fuerte ligazón entre las actividades que preceden a la lectura y aquellas que la prolongan. Su distinción entre la preposición a, es decir, todas aquellas acciones que predisponen, estimulan e incitan a leer, por un lado, y la preposición de, es decir, todo aquello que podríamos relacionar con el después de la lectura (reflexionar, debatir, conversar, crear algo a partir de ella), por otro, me parece un gran acierto didáctico y una forma de aclarar y reforzar el trabajo de quienes trabajamos en estos temas. Los correspondientes apartados prácticos ilustran sobradamente cómo llevar a cabo este empeño.

En cuanto a la compresión lectora Juan Mata considera que su dominio es el mejor modo de animar a leer, de la misma forma que la animación a la lectura debe contribuir a la comprensión lectora o, lo que es lo mismo, un claro ejemplo de una pescadilla que se muerde la cola, de la cara y la cruz de la misma moneda y no de una dicotomía ante la que haya que tomar partido.

Su concepción de la literatura y de su didáctica es clara: La literatura como experiencia vital y la teoría de la recepción promueven una instrucción del alumnado como lectores y lectoras antes que como estudiantes y aconsejan que el papel del profesorado sea el de promotor de situaciones favorables a la experiencia vital de la literatura, de todo tipo de libros, para aprender a escuchar también las palabras del pasado, de los clásicos.

La obra continúa con la cuestión de la mediación, es decir, de aquellas personas comprometidas con la lectura que deben intentar fascinar a los lectores y lectoras a través de la transmisión del afecto por los libros, de propiciar experiencias gratas en entornos cálidos y, sobre todo, con su propio ejemplo lector. No se olvida Juan Mata de los lugares (físicos o virtuales) donde se trama el futuro de un lector, es decir, los hogares, las aulas, las bibliotecas públicas y escolares, la prensa y la red social de Internet, con las webquests y especialmente los blogs como instrumentos más usuales y que más posibilidades abren para el intercambio de conocimientos y experiencias, para estimular lecturas más reflexivas y autónomas, para dar ocasión de plasmar las diversas respuestas a las lecturas.

La última idea clave con la que Juan Mata nos deleita consiste en estimular la plasmación de ese “conjunto de reacciones intelectivas y emocionales que un lector manifiesta ante un texto”. Pero, en palabras del propio autor, “no basta con fomentar respuestas personales de los lectores a los textos, sino que paralelamente es necesario enseñarles a analizar sin restricciones una obra, elaborar juicios críticos perspicaces, realizar inferencias, hacer valoraciones éticas…a través de la escritura de diarios de lectura, recomendaciones de libros, textos creativos, reseñas”… pero también fomentando la conversación tras la lectura, en la línea del autor británico Aidan Chambers, en su libro titulado Dime. Los niños, la lectura y la conversación (Fondo de Cultura Económica, 2007). Debatiendo en grupo los sentimientos y reacciones que nos provoca un texto, comprenderemos mejor el texto pero también a nosotros mismos y a los demás. Quisiera destacar, asimismo, la reivindicación que hace el autor de la emoción en la educación literaria como reflejo de una más amplia educación afectiva que debe pasar necesariamente por la integración de la razón y la emoción o, lo que es lo mismo, por la educación del deseo.

Como dice el autor, “la respuesta de los lectores a un libro es una manifestación de homenaje pero también una vía abierta de conocimiento”. Ojalá que estos dos propósitos hayan iluminado esta reseña: servir de homenaje a una obra excelente y mostrar una pequeña parte del gran conocimiento que encierra.

Ana Monte

(Esta reseña ha sido ya publicada en la revista Aula de innovación educativa nº 183 y en la revista Textos, nº 53)

 

 

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  • Abareque Número: Uno

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