Jueves, 10 de Junio de 2010 11:07

Dime. Los niños, la lectura y la conversación

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DIME. LOS NIÑOS, LA LECTURA Y LA CONVERSACIÓN

AIDAN CHAMBERS

F.C.E. 2007

A través de varias personas expertas en esto de la literatura infantil y juvenil, la educación literaria y la lectura nos llega referencia de este libro escrito por Aidan Chambers, antiguo maestro, escritor de libros para niños y jóvenes, de teatro, artículos y ensayos, fundador en los años sesenta del pasado siglo junto a su esposa, Nancy Chambers, de la editorial Thimble Press,

cuyo catálogo comprende libros sobre poesía, crítica y enseñanza en torno al tema de la literatura infantil y juvenil. En el año 2002 recibió el premio Hans Christian Andersen por toda su obra. Dime. Los niños, la lectura y la conversación se editó por primera vez en 1993 pero hemos tenido que esperar hasta el año 2007 para encontrarlo traducido al castellano.

Ya desde la primera página, en la introducción, nos plantea cuál es el objetivo fundamental de este libro: Ayudar a niños y niñas a hablar (y a escuchar) bien sobre los libros que leen.

“Hablar bien sobre los libros es una actividad en sí muy valiosa, pero también es el mejor entrenamiento que existe para hablar bien sobre otras cosas. De modo que al ayudar a los niños a hablar de sus lecturas, los ayudamos a expresarse acerca de todo lo otro que hay en sus vidas.” Su planteamiento es sencillo y honesto: se basa en su experiencia como miembro de un grupo de maestros y maestras interesados en mejorar su forma de enseñar la lectura y que ya en los años ochenta descubrieron la importancia de la conversación en este proceso. De aquí surge el enfoque Dime (Tell me en el original inglés) que consiste básicamente en formular cierto tipo de preguntas a partir de las lecturas realizadas. 

Para describir este enfoque, comienza con lo que denomina “el círculo de la lectura” en el que los elementos fundamentales son tres: la selección de buenos libros, la lectura de los mismos que necesita de un tiempo determinado (bien lecturas escuchadas en voz alta, bien las lecturas que hace uno mismo) y la respuesta que obtenemos a partir de los dos anteriores, es decir, la expresión de los pensamientos y sentimientos que esa lectura produce en los lectores. En este sentido, Chambers incluye la conversación formal que se produce en el aula y la plática informal que nuestros alumnos y alumnas llevan a cabo cuando comentan sus lecturas entre sí. Esta respuesta incide directamente en el proceso de selección, que llevará a otras lecturas, y a otras respuestas…para seguir alimentando ese círculo en medio del cual se sitúa esa persona adulta, facilitadora, mediadora o como queramos llamarla, a quien va dirigido este libro.

A partir de aquí, el autor va desgranando los presupuestos necesarios para desarrollar este enfoque:

  • Compartir el entusiasmo (lo que gusta o no gusta del libro), las dificultadas (aquellas partes que no se entienden, para ir construyendo entre todos un significado) y los patrones narrativos que se van descubriendo a medida que transcurre la lectura, es decir, aquellos eventos, personas o lenguaje que los lectores extraen de su propia vida e incorporan a la lectura para interpretarla (ir del mundo al texto) y también las comparaciones que se realizan en ocasiones con otros personajes, otras lecturas, cuando piensan en sus similitudes o en sus diferencias.
  • ¿Son críticos los niños y niñas? Si existe un interés por un tema y se proporcionan las facilidades necesarias para su expresión, los niños y niñas son críticos naturales desde edades muy tempranas y, por tanto, con la ayuda del adulto mediador, serán capaces, a su nivel, de arrojar luz sobre la relación del arte con la vida, la ciencia, la economía, la ética, etc, de dar una lectura de una obra que incremente nuestro entendimiento sobre la misma, de mostrar relaciones entre obras de diferentes épocas y culturas…Chambers ilustra esta perspectiva con ejemplos extraídos de comentarios orales o escritos, en contextos más o menos formales, de alumnos y alumnas de educación primaria. 
  • Realmente queremos escuchar la experiencia del lector, sus pensamientos, sentimientos, recuerdos, no subestimamos su percepción ni cómo la expresan y por lo tanto, el proceso debe ser honesto por parte de todos, los niños y niñas deben poder confiar en que la maestra no rechazará, menospreciará ni desechará sus comentarios. “Los lectores deben sentirse seguros e importantes cuando cuentan la historia de su lectura”.
  • Este enfoque desecha la pregunta “¿por qué?” puesto que no ofrece ninguna ayuda para empezar a hablar sobre una lectura determinada, es demasiado abierta y extensa para contestarla de una vez. En su lugar, las preguntas básicas para empezar la conversación siguen la fórmula: ¿Hubo algo que te gustara de este libro? (con sus variantes sobre si algo te llamó la atención, si te hubiera gustado que hubiera algo más de algo) ¿Hubo algo que no te gustara? (partes que te aburrieron, que te saltaste, donde dejaste de leer, qué te hizo dejarlo), ¿Hubo algo que te desconcertara? (algo extraño, algo que nunca habías visto antes en un libro, que te sorprendiera por completo, alguna incongruencia) y por último ¿Hubo algún patrón, alguna conexión, que notaras?
  • La razón de este enfoque viene determinada por el hecho de que no se llega al entendimiento del sentido de una lectura de forma directa y de una sola vez, sino que “se va descubriendo, negociando, construyendo y alcanzando orgánicamente a medida que se discuten preguntas más prácticas y específicas.” Hay que empezar por lo obvio, por “lo que piensan que saben sobre un texto, con el fin de descubrir lo que no saben que sabían”. Para evitar la desazón que podría aquejar al maestro ante un enfoque que indaga pero cuyas respuestas puede que no conozca, se recomienda conocer muy bien el libro sobre el que se va a conversar, tener confianza en el mismo y en las respuestas que el grupo de lectura va reuniendo de forma colaborativa. También recomienda no tener ningún miedo a dejar la conversación si se observa que la elección ha sido pobre o no hay mucho que decir sobre él.
  • Me parece fundamental hacer referencia explícita a este párrafo de la página 93 en el que el autor resume sus ideas sobre la selección de lecturas: …”la elección de la maestra para la conversación literaria debe tener un fundamento, no debe ser arbitraria, no debe apoyarse en el impulso del momento. Y necesita revisarse y actualizarse regularmente, así como los conocimientos sobre los libros necesitan incrementarse todo el tiempo, lo que significa mantenerse en contacto tanto con lo que se está publicando como con otros adultos facilitadores que comparten sus lecturas y sus estrategias de enseñanza.”
  • En estos tiempos de planes lectores, quisiera recomendar la lectura del breve capítulo titulado La lectura del texto (páginas 95 -100) especialmente a quienes se encuentran perdidos cuando les “toca” la hora de lectura.
  • En las páginas 117 a 121 se explicitan las preguntas básicas (ya mencionadas), generales y especiales que no deben utilizarse como una “batería” sino en consonancia con la conversación para cumplir la función de sacar algo que está a punto de decirse o para ayudar a expresar algo que tan solo se intuye. Este debe ser el sentido último de este enfoque, proporcionar las herramientas necesarias, en este caso en forma de preguntas, para ir pasando de nivel, de nivel en la construcción de la historia, de nivel en el uso del lenguaje, de nivel de sentido, es decir, para formar lectores literarios competentes (si Víctor Moreno me permite la expresión).

Para finalizar, Chambers nos propone algunas variaciones sobre el enfoque Dime, como el juego del no lector, que consiste en aprovechar la presencia de quienes no han leído el libro para que hagan preguntas, aclaraciones y vayan sintetizando lo que creen que se ha dicho hasta el momento, de tal manera que los demás expresen con más cuidado y sutileza lo que quieren decir; el juego de la oración en el que, en pequeños grupos que han leído diferentes libros, se les pide que escriban una oración que transmita lo que más les gustaría contar sobre su propio libro a quienes no lo han leído; el juego de la responsabilidad consistente en asumir la responsabilidad por la lectura de otras personas a través de selecciones, recomendaciones, reseñas escritas y otro tipo de respuestas al texto (ilustraciones…) para su publicación en el formato que mejor se adapte a la realidad de cada centro.

Chambers concluye su libro con estas palabras: “Dime tiene éxito porque pone en primer plano la importancia de la experiencia del lector al leer el texto.” Yo creo que un libro como este es un acierto porque, una vez terminada su lectura, sigue planteándonos otros interrogantes desde diferentes ámbitos. Desde los centros educativos, ¿es interesante replantearse las prácticas escolares en torno a la lectura? Desde el ámbito de la formación del profesorado, ¿estamos haciendo algo para que el profesorado revise y actualice sus conocimientos en torno a los libros? Desde la administración, ¿realmente hay una apuesta firme por los planes de lectura como oportunidad para la innovación?

Ana Monte

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