Pero, nuestro pobre hombrecito, merecía que le dieran una oportunidad.

   Así que...

   Cierto día, conoció a un director de orquesta.

   Y éste quiso oírle cantar.

   El hombrecito muy contento, pero con un poco de miedo, salió al campo con un director de orquesta.

   Y allí, rodeados de flores ,de pájaros y mariposas,

                                                                    

 nuestro hombrecito se quitó el pañuelo y cantó mejor que nunca.

   El director de orquesta estaba tan entusiasmado que lo contrató para inaugurar la temporada del Teatro de la Opera.

  Y la noche de su presentación, que se anunció en todos los periódicos, don Perfecto, el jefe de planta, los vecinos que le habían regado, el dueño de la cafetería y todos los que le habían perseguido con sus risas, hicieron cola y compraron entradas para oírle cantar.

   Y asistieron al triunfo del hombrecito, que cantó de esta manera:

Nuestro hombrecito canta...

  

Y el hombrecito quemó todos sus trajes y corbatas de color gris.

   Tiró por la ventana el despertador.

   Se afeitó el bigotito de color gris y nunca, nunca más, volvió a tener la mirada de color gris.