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En 1800 Alessandro Volta construyó la primera pila,
con lo que el misterioso "fluido eléctrico" resultaba, a partir de
entonces, accesible para su estudio.
El estudio de la conductividad de los gases
(realizada a lo largo del s. XIX) proporcionó grandes sorpresas.
A presión ordinaria los gases no conducían la
corriente eléctrica, pero si se extraía gas del tubo (con la
consiguiente reducción de su presión) aparecían una serie de
curiosos fenómenos. Así cuando la presión era de unos 5 mm
de Hg el tubo emitía luz cuyo color dependía del gas que llenara
el tubo. A 0,1 mm de Hg aparecían franjas luminosas y oscuras, y
cuando la presión era de tan solo 0,001 mm de Hg una misteriosa
luminosidad verde aparecía en la zona del tubo opuesta al cátodo.
El estudio de esta luminosidad tuvo una importancia
crucial en el desarrollo de la ciencia. Pronto se demostró que los
rayos
procedían del electrodo negativo, o cátodo, con lo que fueron
bautizados con el nombre de "rayos catódicos".
Los rayos catódicos tenían ciertas similitudes con
los luminosos: los objetos interpuestos producían sombras, se
propagaban en línea recta... etc, pero también diferencias: un
campo magnético no tiene ninguna influencia sobre los rayos
luminosos y, sin embargo, desvía los rayos catódicos, mostrando
que tenían carga eléctrica negativa. |