La tecnología es del siglo XXI, pero los chicos son los de siempre.
Alborozados, entusiastas, juguetones y festivos, los alumnos del Instituto
de Educación Secundaria Doña Jimena que abarrotaban el salón de actos
recibieron entre aplausos, gritos y vítores a la comitiva que iba a poner de
largo su tecnologizado sistema educativo. Al frente, orgulloso y agitando el
brazo ante el caluroso recibimiento, Vicente Álvarez Areces, que retornaba,
al menos en espíritu, a su pasado docente. No en vano durante ocho años, de
1973 a 1981, impartió clase de Matemáticas en el Jimena.
A su lado, Leontina Alonso, una compañera de docencia de entonces que hoy
ocupa la dirección del centro, escuchaba halagada las evocaciones
profesorales del hoy presidente del Principado, que respondió divertido con
un «no era un hueso» al susurro de rechazo que suscitó entre la chavalería
la identidad de la materia que impartía en los años 70.
Y entre pasado y presente, todo fueron parabienes para el instituto Doña
Jimena, que se estrenó ayer como uno de los 30 centros del país que gozan de
la condición de aventajado en el uso de las Tecnologías de la Información y
de la Comunicación, conocidas coloquialmente como TIC. Para los profesores,
el mejor regalo sin duda, fue el entusiasmo sincero de Ramón Palacio, quien,
desde su visión a través de la Dirección General de Red.es, valoró la
experiencia gijonesa como «una de las mejores de España». Lo hizo
repetidamente y convencido, «porque nosotros instalamos los sistemas y luego
cada uno pone su saber hacer. Y el de aquí es de los mejores, gracias a un
grupo de profesores que han creído en él y en unos alumnos que viven y
trabajan con ellos. Porque el mundo de la tecnología no es para tenerlo,
sino para utilizarlo».
La
educación del futuro
Leontina Alonso agradeció el elogio, al aludir al valor que adquieren
esas palabras para docentes «a los que la apuesta por las tecnologías del
futuro les ha supuesto un trabajo añadido en un momento en que afrontan la
recta final de la docencia». El coordinador de Nuevas Tecnologías, Javier
Antonio Puente, escenificó todo ese entusiasmo docente con una frase: «Si
hubiera que salvar algo, sería la sala de juntas, donde los profesores
trabajan con sus terminales, porque desde aquí se podría reconstruir todo».
Por su parte, Álvarez Areces habló de revolución. «Si comparásemos este
potencial con cualquier otro momento de la historia, estaríamos hablando de
tintes revolucionarios. Hablamos de abrir la escuela al mundo».